martes, 30 de septiembre de 2008

Mari Bárbola ataca de nuevo

El pasado sabado el sueño en fase REM de muchos españoles fue interrumpido de golpe y porrazo a cuenta de una de esas trifulcas televisivas a las que tan acostumbrados nos tienen. Lo cierto es que hablar de tertulias en las que los intervinientes se lanzan los platos a la cabeza no tiene, desgraciadamente, nada de original ni novedoso; pues la mayor parte de las veces los protagonistas parecen salidos del corral, dispuestos y entrenados para erigirse en verdaderos gallitos de pelea.

Sin embargo, no es menos cierto que en determinadas ocasiones se les presupone cierto saber estar y tablas en esto del debate; más si cabe al tratarse de profesionales del periodismo. Ahí está el quid de la cuestión.

Dejando a un lado el canal de emisión del programa de marras (la cadena amiga), el debate del sabado noche en La Noria versaba a propósito de la problemática vasca con el referéndum, la libertad y la debilidad o no de ETA.
El moderador -por decir algo, pues más que moderar enjuicia y participa siempre desde uno de los lados-, presentó a los intervinientes que ya se han convertido en asiduos: Isabel Durán, Enric Sopena, Miguel Ángel Rodríguez y Mª Antonia Iglesias.

Como cada sabado conforme se iban produciendo las intervenciones la temperatura ascendía por momentos. Las constantes interrupciones que ya se han convertido en costumbre por parte de Mª Antonia Iglesias impedían escuchar con claridad los argumentos de Isabel y Miguel Ángel.
La tensión llegó hasta tal punto que por momentos la audiencia confundía a la señora Iglesias con María Patiño, pues su grado de congestión facial así como el volúmen de su vena alcanzaron cotas alarmantes. En este punto, el siempre irónico Miguel Ángel advirtiendo la situación, recomendó a la periodista de la bancada siniestra que se tomara una pastillita para la tensión.
Esas palabras despertaron al Vesubio que Mª Antonia llevaba dentro, espetándole a Rodríguez: "eres un machista repugnante y un cabrón". El aludido sentenció: "y tú una imbécil".

Hasta aquí llegó el debate, que quedó zanjado por Jordi González de forma fulminante. "Siento vergüenza", afirmó.
Yo sinceramente, también. Siento vergüenza de que tengas a una señora en tu programa que ha convertido el insulto, la difamación y la demagogia en su mecanismo de facto. Ella no debate, acribilla, humilla, ningunea al adversario a través de palabrería barata y ruin, a la que en caso de verse acorralada acompaña de la más amplia variedad de insultos y exabruptos.

Pero la dinámica biliosa de esta señora no viene de ahora, no. Desde los tiempos que inició su andadura en los debates televisivos de la mano de la otrora reina de las mañanas, María Teresa Campos, su lenguaje no ha variado un ápice. Me vienen a la memoria muchos de los enfrentamientos que protagonizó la buena mujer en directo, pero por su crudeza, bajeza moral y cobardía al no estar presente el aludido, no puedo dejar de reproducir aquí las palabras que una indignadísima Mª Antonia dedicó al que fuera Secretario General del Partido Socialista de Euskadi, Nicolás Redondo; cuando en los años de mayor colaboración PSE-PP para acorralar a ETA y sus brazos políticos, el señor Redondo fue calificado como "hijo de puta" en palabras de la tertuliana con hechuras de albóndiga sectaria.

Y no es de extrañar este comportamiento, esta cerrazón ideológica y seguidismo socialista, pues el currículum -y la cuenta corriente-, de Mª Antonia se vieron engrosados en los años de gobiernos de Felipe González.
Fue en la década de los 80 y la movida, cuando la televisión de todos los españoles TVE, alcanzó las mayores cotas de manipulación y tendenciosidad que se recuerdan. ¿A que no adivinais quién era la directora de informativos de la época? Bingo. La misma Mª Antonia Iglesias.

Y para los annales de la historia y la vergüenza nacional queda ese momento cuando en el mundial de 1986, año electoral, al marcar Emilio Butragueño para la selección española, la maquinaria propagandística socialista se puso en funcionamiento con toda su crudeza y aprovechó el instante de máxima audiencia tras el gol para rotular la parte inferior de las pantallas con un mensaje claro y conciso: ¡¡¡VOTA PSOE, VOTA PSOE, VOTA PSOE!!! Sobran las palabras, ¿verdad?

Así se las gastaba nuestra musa-tertuliana preferida. La misma que hoy día viene a darnos clases de ética, moral y Educación para la Ciudadanía; para inculcarnos sus valores amparados en la mentira, la mezquindad y el insulto.
Una actitud que ansia recompensa física, contante y sonante, y abstracta pues está en liza el título de la más arpía del reino; y Maruja Torres y Rosa Regás le van a la zaga.
Es por ello que cada mañana Mª Antonia al mirarse al espejo se repite para sí misma: "Espejito mágico, espejito mío ¿quién es la más sectaria sobre la faz de la tierra?". Ninguno contesta, pues el reflejo los hace añicos. La razón es óbvia.


sábado, 27 de septiembre de 2008

La otra vida de Isabel (I)

En ocasiones ciertas conversaciones despiertan una serie de preguntas, cuestiones o interrogantes que en suma manifiestan un interés inusitado por determinado tema que a priori parece sencillo pero que se complica en función del pensamiento de cada persona.

Si por algo me parece apasionante la historia es por la dispar capacidad de visualización que posee el ser humano y que mediante la abstracción le permite atender de forma distinta a un determinado acontecimiento; de ahí que las suposiciones, conjeturas y conclusiones finales puedan diferir en número y resultado.


Quizá por deformación profesional o por mera afición lo cierto es que cuando sale un tema relativo a épocas pasadas, no puedo evitar analizarlo varias veces desde distintos puntos de vista para tratar de alcanzar una respuesta más o menos razonada. Casi nunca tiene que ver con la realidad oficial que a día de hoy resulta universalmente aceptada, pero en los hechos históricos poco o nada ha llegado a nuestros días de forma objetiva y limpia.

Una vez desaparecen los protagonistas, sus hechos, palabras, hazañas o vivencias quedan indefensos ante burdas manipulaciones, incorrecciones o simples retoques que les otorguen mayor prestigio. La vanidad humana es así de simple y de cruel al mismo tiempo, porque en el titánico -y casi siempre rentable- esfuerzo de deformar/transformar la realidad a su antojo, pierde la esencia de la verdad en su conciencia.



El asunto que ha sido objeto de mi desvelo se centra en una de las soberanas más alabadas y al mismo tiempo odiadas de la historia de "Las Españas". Amor y desprecio a una mujer que con tesón, fuerza y testa supo sentar las bases de un Estado Moderno en la miserable Castilla. ¿Heroína o tirana? ¿Santa y salvadora de la patria o mera megalómana y genocida?

Lo único cierto de la vida de Isabel es que no dejó a nadie indiferente. Y no lo hizo ya tempranamente por su condición de heredera al trono; pues estaría llamada a convertirse en reina una vez su hermano Enrique IV abdicara o finalizara Dios mediante su reinado.

No lo tuvo fácil, pues los años en los que Enrique ostentó el trono no fueron precisamente nada halagüeños para el prestigio de la institución monárquica. Revueltas de las minorías étnicas, guerras de poder entre los clanes nobiliarios, conflictos internacionales con las potencias emergentes de Aragón, Francia o Portugal, aderezado todo ello con una crisis en el campo y unas condiciones higiénicas que diezmaron a la población y abonaron el terreno a uno de los peligros que horroriza a cualquier corte o gobierno que se precie: la hambruna. Ya se sabe que cuando el estómago ruge, las revoluciones, motines o conflictos no tardan en aparecer. Y fue precisamente en ese contexto en el que Isabel se perfilaba como futura monarca de los maltrechos castellanos.

Si no tenía suficiente, la pugna por el poder con su sobrina Juana "la Beltraneja" acabaron por fragmentar el dificil equilibrio existente en el reino. Las potencias ibéricas se frotaban las manos ante la desmembración del reino más extenso de la península, lo que despertaba sus respectivas expectativas expansionistas y hegemónicas. Aragón primero e inmediatamente Portugal no tardaron en mover ficha y materializar sus apetencias en alianzas matrimoniales con Isabel y Juana respectivamente. El órdago estaba encima de la mesa.

Fue precisamente esa convulsa situación la que ayudó a curtirse en las lides políticas a la joven soberana; primero para acceder al trono y posteriormente para asegurar a sus sucesores tranquilidad y equilibrio en las tareas de gobierno, evitando que de nuevo tuvieran que superar los avatares por los que había transitado ella, pero que sin lugar a dudas la legitimiban en el trono como a ningún otro monarca castellano.

El primer gran triunfo de la reina católica le sobrevino merced al Tratado de Alcaçobas (1479), poniendo fin a la contienda con Portugal por la corona castellana y asegurándose además del cetro real, la posesión de Canarias que sin saberlo ella abriría a los navíos castellanos la puerta de acceso a los alisios atlánticos y por ende, al Nuevo Mundo.














Pero la calma derivada tras la tormenta con Juana y Portugal no aseguraba ni mucho menos la permanencia en el tiempo de Isabel en el trono.

Los años del siglo XV trajeron no sólo a Castilla sinó al resto de Europa unas estructuras que suponían las superación del órden estrictamente medieval; es decir el cimentado en la nobleza como garante del poder real. Ahora los monarcas que desde la caída del Imperio Romano de Occidente habían sido considerados como "primus inter pares" (primeros entre iguales), estarán interesados en hacer valer su autoridad frente a las intrigas de una nobleza ávida de poder, riquezas y promoción personal.

Tanto en Castilla como en Aragón los clanes nobiliarios laicos y eclesiásticos habían dotado a los reyes de las dos herramientas para hacer valer su estandarte: armas y financiación. Fueron nobles y órdenes militares los que en mayor medida se pusieron al servicio de uno u otro monarca en el árduo proceso de la Reconquista peninsular. Unas veces amparados en las exoneraciones de pagos, tributos o cargas que los monarcas ofrecían; otras tantas combatían bajo la garantía de engrandecer sus dominios y reunir las fuerzas suficientes para aspirar algún lejano día al trono.

El siglo XV trajo cambios en esa concepción de la monarquía como mera comparsa de las luchas intestinas de clanes. Isabel no sería ajena a ello y precipitaría el fin de la dependencia de su gobierno a las apetencias de los Mendoza o Medina-Sidonia de turno.

Continuará....

viernes, 5 de septiembre de 2008

Las reinonas de la semana

Desde tiempo inmemorial los hombres han intentando hacer acopio de triunfos, honores y méritos bien fuera a través de la conquista, del descubrimiento o de la ciencia. En no pocas ocasiones muchas de esas hazañas pasaron casi desapercibidas debido a la nula capacidad de trasmisión del hecho pues las élites que dominaban los organismos difusores como podían ser los libros, imprentas y más tarde periódicos, publicitaban únicamente aquello que convenía a sus propios intereses.
El siglo XX trajo una auténtica revolución en la difusión informativa, dado que ya no eran sólamente las clases acomodadas las que podían tener acceso y control de esos medios con lo que el abanico de posibilidades se ampliaba a la mayoría de la sociedad, otorgándoles su oportunidad informativa. Hoy día la oferta es total e infinita y somos testigos de ello cada día.

No es de extrañar que hace unos años se acuñara el término del "minuto de gloria" que todos ansiamos tener en los medios de comunicación. Lo cierto es que esos minutos de oro son aprovechados o desaprovechados por decenas de personas de la más diversa condición que aparecen y desaparecen cada día en nuestros televisores, internet, periódicos, sintonías de radio...

En la presente semana se inauguraba el ciclo laboral habitual para la mayor parte de los españoles que tras el parón estival regresan a la rutina de sus vidas.
Una semana por tanto plagada de novedades, de estrenos televisivos, de temporadas de series, programas y demás savia nueva que amenaza con mantenernos pegados a las pantallas durante horas.

Uno de esos estrenos -publicitado y magnificado hasta la extenuación en las semanas precedentes-, fue el de la otrora reina de las mañanas María Teresa Campos, que enfundada en una sonrisa permanente regresaba a la cadena amiga para dirigir uno de los espacios de debate político y actualidad, "La mirada crítica".
Pese a la campaña de difusión, el "bombazo" de su entrevista con el presidente del gobierno, y el morbo de ver si en una de sus tertulias a su compañera de fatigas Mª Antonia Iglesias empieza a darle vueltas la cabeza cada vez que alguien pronuncia el nombre de José María Aznar, la realidad es que sus índices de audiencia la alejan excesivamente de los datos que en el pasado la entronizaron en la parrilla televisiva.
"La Campos" ha cumplido un ciclo, plagado de luces y de sombras, que la llevaron a saborear las mieles del éxito y ahora la precipitan hacía las profundidades del share televisivo. Quién sabe si no será esta la venganza perfecta del mandamás de Telecinco, Vasile, tras los cariñosos epítetos que le dedicó la buena señora cuando fichó por la competencia.

En otras latitudes hallamos otro ejemplo de esos minutos aúreos de los que algunos personajes precisan para mantenerse en el candelero mediático.
Ella no es otra que una mujer de bandera "roja", claro está; y no sólo por su respetable ideario sinó además porque como ocurre con la advertencia en las playas a propósito del baño, acercarse a esta periodista puede ser letal a la luz de sus declaraciones.
Y es que la simpar Maruja Torres en una conferencia sobre el ahorro de agua en el marco de la Expo de Zaragoza sorprendió a propios y extraños con sus particulares hábitos higiénicos que pasaban por aprovechar al máximo la capacidad del WC antes de tirar de la cadena, así como dilatar en el tiempo (3 días) sus jornadas de ducha, dado que ella no olía mal y no precisaba asearse más que lo estrictamente necesario.
No he tenido el placer de estar cerca de la mencionada señora, pero intuyo que si algún día pasa por tierras levantinas sabremos de su presencia merced a ese aroma embriagador que la caracteriza.
Lástima que Maruja no profese esa política tan ahorrativa en otros menesteres cuando su vivaraz lengua se desata, arremetiendo contra todo aquel que no comparte sus reflexiones políticas, y haciendo gala de una incontinencia verbal sin límites al grito de """hijos de puta""" contra los votantes del Partido Popular.

Y la última de las mujeres que ha dado que hablar esta semana ha sido la miembra del gobierno más joven, que amparada bajo el regazo de Manuel Chaves y alimentada por el flamenco más cañí, desembarcó hace ocho meses en el gobierno de la nación al frente de un ministerio de cara a la galería. Y no es que lo diga yo, no; es que la cartera de Igualdad no posee todo aquello que la definiría como tal. Ni edificio propio, ni vehículo, ni teléfono, ni nada de nada. Bueno, perdón, si algo si tiene un plan de austeridad. Dada la situación de crisis que padecemos los españoles el gobierno ha puesto en marcha el mencionado plan, y una de sus titulares parece ser alumna aventajada en este asunto, pues esta semana se ha conocido la reforma a la que está siendo sometida la que será su sede ministerial, la antigua Casa de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones, así como el caprichito de Bibí de instalarse un jardín de estilo Zen para desestresarse de la frenética actividad que desarrolla y, que la ha llevado a realizar propuesta y media en 6 meses.
La Seguridad Social ha entrado en déficit, el paro casi dobla la tasa del conjunto de la Unión Europea, no hay certeza que las familias en esa situación cobren a final de mes, pero eso no importa a Bibiana Aído, flamante ministra de Igualdad, que como tal predica con el ejemplo.

Tres casos dispares de las que en su día creyeron ser reinas tocadas por el mismo Dios, pero que a la luaz de sus actos, manifestaciones o hechos no alcanzan más que a conformar el dudoso mérito de convertirse en reinonas por un día.


jueves, 4 de septiembre de 2008

La teoría del eterno retorno...

Como reza el título de este artículo, hoy me he decidido a volver a reencontrarme con este blog que inauguré hace más de un año y que por diversas causas ha estado inactivo durante los últimos meses. Y es que ya lo decía Nietzsche cuando exponía en su obra "Así habló Zaratustra" los principios de la teoría que denominaría del eterno retorno, considerada hoy día únicamente desde el punto de vista cronológico, en el sentido de la vuelta de las cosas en la vida y de repetición de lo sucedido.
No obstante, la génesis de dicho pensamiento encierra algo que es vital para la supervivencia del ser humano: la superación de los miedos. Esto viene a decirnos que un horizonte de infinitos retornos no nos intimide y podamos ser capaces de eligir, de forma que si tuviéramos que volver a vivir toda nuestra vida de nuevo nos fuera posible hacerlo sin temor. Nietzsche, por tanto, nos enseña sólo una cosa: El hombre logrará transformarse en el "Superhombre" cuando logre vivir sin temores.

El miedo en ocaciones es consecuencia directa de nuestra imaginación, pensamientos y razonamientos que poco o nada tienen que ver con la realidad; fruto en suma, de la denominada sugestión.

El temor es sin lugar a dudas, la sensación, sentimiento o experiencia humana que de manera más virulenta ha subyugado bajo su falsa apariencia a nuestra especie desde que la memoria colectiva se pierde en los annales del tiempo.

Desde que el primer homínido tembló de pavor al comprobar la fuerza destructiva del fuego derivado del impacto de un rayo sobre la tierra, nuestros congéneres de esa y otras épocas han experimentado todo un cúmulo de sensaciones desagradables relacionadas con el miedo.
La naturaleza nos dotó de una inteligencia superior al resto de animales que en unas ocasiones se empleó para lo que podríamos denominar "el bien", y en otras tantas situaciones históricas -las más-, se empleó para "el mal". De ahí las consabidas consecuencias derivadas del miedo fueron utilizadas por las élites de las diferentes sociedades para controlar e impartir doctrina entre sus correligionarios, con la seguridad que nadie osaría contradecir sus designios, habida cuenta de la horrenda condena, que en virtud de ese pánico anidaba en el imaginario colectivo, aderezado además por la superstición y la leyenda.

Pero no nos engañemos, pues ese temor impuesto no era otra cosa que el espejo mismo donde aquellos dirigentes contemplaban sus propias miserias, y por ello completaban el círculo mediante el que paliar sus miedos a perder los lujos, placeres, privilegios... El poder, en definitiva.

Cada temor nace de otro episodio de pánico todavía más acusado. La historiografía de mediados del siglo XVII se encargó de catalogar a la Edad Media como la etapa de mayor oscuridad conocida en la historia hasta aquel momento. El control omnímodo que la Iglesia y los pequeños estados ejercían sobre una sociedad analfabeta e ignorante la convertía en el perfecto caldo de cultivo para ser pasto de los más variados temores. Hoy día sabemos que ese calificativo no hace honor a la verdad de los siglos que genéricamente se engloban desde la caída del Imperio romano occidental en el año 476 d. C. hasta la entrada del Islam en Constantinopla en el año 1453, por la sencilla razón que quienes en el siglo XVII acuñaron tan peyorativamente al medievo lo hacían movidos por razónes idénticas a quienes condenaron al ostracismo a la Edad clásica grecorromana en la época medieva: el miedo, una vez más.

Temor derivado de un cambio en los esquemas sociales, políticos o culturales que rompen con la etapa precedente, y que por tanto deben desaparecer para evitar cualquier conato de retorno a una edad olvidada que en teoría era menos desarrollada y floreciente que la siguiente. Sucedió con Grecia y Roma, con los reinos medievales, el renacimiento, la edad moderna, revoluciones contemporáneas del siglo XIX, grandes guerras del siglo XX y todavía hoy sigue sucediendo en un proceso lento, continuo y constante que debe su supervivencia a una primacia que necesariamente debe convertirse en hegemónica.

Dicho ciclo se repite volviendo una vez más a la teoría de Nietzsche, quién fue utilizado por el III Reich como uno de los grandes ideólogos del régimen nazi; consiguiendo mediante la distorsión de sus reflexiones y teorías legitimar una forma de gobierno, una expansión, sumisión, aniquilación y genocidido colectivo a los que necesariamente debían dar carta de naturaleza que les permitiera esconder sus verdaderos complejos y temores con respecto a todo aquel considerado como diferente. El miedo una vez más convirtió a un hombre y, por extensión a la Alemania nazi, en uno de los grandes monstruos que jamás haya conocido la historia.

Afortunadamente todavía existen remedios eficaces para combatir esos temores que atenazan las almas humanas, merced a los cuales todavía podemos seguir escribiendo las vivencias de los hombres.
La lectura, la instrucción y la educación resultan ser los tres principios fundamentales para mitigar el efecto de pánico en las sociedades que, en función del individuo, nos ayudan a mantener una actitud crítica, seria y razonada sobre las más variopintas cuestiones de nuestros quehaceres cotidianos. Las formas de chantaje emocional y de amedrentamiento al ser humano quedan para otras épocas menos propicias para la razón y el pensamiento.
Y hoy es preciso aplicar esa teoría del eterno retorno para recuperar muchos de los valores y principios que creemos olvidados, pero que permanecen como lo han hecho siempre, aguardando que nuestras conciencias demanden su vuelta a nuestra cotidianidad.