martes, 1 de marzo de 2016

Pedro I, "el breve"

Bajo el nombre de Pedro recibieron bautismo muchos monarcas de la cristiandad europea. La etimología Petrus-Petri -del latín piedra-, y la unión en ocasiones sagrada entre Monarquía e Iglesia, hacían de aquel un nombre muy recurrente, pues evocaba a la continuidad mística de Roma en la figura del apóstol y por extensión también en la de los reinos latinos.

Quizá el soberano más reconocido internacionalmente fuera el zar Pedro de Rusia, pues para para la historiografía moderna fue uno de los personajes reformistas más importantes. No en vano le apodaron "el Grande", porque consiguió usando el poder y también la fuerza que le otorgaba el cargo, transformar una nación atrasada y medieval en otra que estaba cerca de las modernas monarquías europeas occidentales.
En nuestro país también tuvimos varios reyes, hasta cuatro, que celebraban su onomástica el 29 de junio. De entre todos destaca Pedro I, el Cruel, que atendiendo a su apodo nos podemos hacer una idea de por dónde andarían sus derroteros, sobre los que existe toda una leyenda negra.

El siglo XXI nos trajo a otro Pedro, aunque en esta ocasión su "reinado" no fue bendecido por la Santa Iglesia, de la que reniega, ni por sus divididos vasallos, pues ni siquiera existió unanimidad entre sus Barones, lo más parecido a los linajes nobiliarios del medievo. Y esto es así porque lo cierto es que en los pasillos de Ferraz, fortaleza y cuartel general del PSOE en la capital del Reino, Madrid, nada más "entronizarse" como secretario general ya empezaron a referirse a él como Pedro I, “el breve”.
El tiempo está demostrando que fueron muchos los que pecaron de inocentes e incautos, cuando en diciembre pensaban que de producirse un batacazo, en la misma noche electoral del 20 de diciembre a Sánchez no le quedará más remedio que presentar su abdicación; perdón, su dimisión. Que ilusos. Porque no solamente no siguió los pasos de Joaquín I, "El Express", ni del valido de la Corte #Rbcb, -que durante tres décadas ofreció brillantemente sus servicios como cardenal rojo, pero resultó ser un fiasco como heredero de la corona socialista,- sino que se encuentra decidido a proclamarse "Emperador" de todos los españoles. De hecho, todo está ya preparado para que hoy comiencen los fastos en su honor, que durarán una semana. Y es que pese a abominar de los privilegios y prebendas, parece que Pedro I, "el breve", le está cogiendo el gusto a eso que llaman pisar moqueta. No en vano se ha reservado incluso el día de hoy para él. Algo inaudito en la reciente historia del Reino, pero que evoca a la perfección sus ansias por monopolizar la jornada e intentar ganarse en un último y desesperado esfuerzo, el favor de la facción siniestra del Congreso de los diputados.

La historia nos enseña que ardua y difícil es la tarea para alguien que ocupa un lugar que no le corresponde por derecho. Cruel es el destino para quienes presos de su avidez de poder y desatada ambición, son capaces de empeñar su alma al peor usurero que existe, el diablo.
Fatal será el desenlace que le espera a este soberano, recordado por negarle el pan y la sal a quién por derecho era el vencedor de la justa electoral e intrigar para erigirse en soberano del orbe hispano.

Quién todo lo quiere, todo lo pierde. La parca jamás se equivoca cuando emite sentencia. Déspota y usurpador, tu destino será el ostracismo y el olvido, tanto o más que tu nombre, Pedro I, "el breve".