domingo, 23 de mayo de 2010

La verdad está en camino y nadie la detendrá.

Hoy, más de una centuria después del célebre y a la vez traumático "caso Dreyffus", como ejemplo de proceso judicial viciado de raíz, donde el oscurantismo y la nula transparencia pusieron en serios aprietos al ministerio público de la Justicia en la vecina República francesa -que demostró no ya su ceguera, sinó su indiferencia total-; volvemos a reencontrarnos con la historia, rememorando aquel episodio que conmocionó a la sociedad gala de finales del siglo XIX, corregido y ampliado cuantitativa y cualitativamente en otro proceso que nos es más cercano, convertido de un tiempo a esta parte en cotidiano para todos los españoles: el "caso Camps".

Y ahora como entonces ante una sociedad anestesiada, complaciente, desmotivada y en suma, indiferente, existe una voz que se alza para denunciar lo que todos vemos; aquello que percibimos, notamos o sentimos, pero que por miedo, hastío, cansancio, holgazanería o pereza nadie se había atrevido a modelar en forma de discurso, charla, alegato, carta, o simple mensaje.

En 1898 fue la voz de un escritor, Émile Zola, quién a pesar de las consecuencias que le depararían sus afirmaciones, remitió vía prensa una carta al presidente de la República francesa para denunciar el proceso sumarísimo dispensado al militar Dreyffus.
Hoy, en esta sociedad tan tristemente huérfana de literatos y escritores de renombre, es otra voz la que de forma meridiana, firme, concisa y concreta da carta de naturaleza a una denuncia. Una voz, que es la de todo el Partido Popular de la Comunidad Valenciana que refleja de forma unánime un sentimiento unitario de respaldo y apoyo explícito y público al presidente de todos los valencianos, Paco Camps, víctima de la mayor campaña de hostigamiento y acoso a la figura de un dirigente regional de toda la democracia. Un sentimiento verbalizado a través de nombres propios como Sonia Castedo, Alberto Fabra, Alfonso Rus o Rita Barberá y tantas decenas de alcaldes y concejales populares en los diferentes pueblos de nuestra comunidad, que al ser depositarios de la confianza de los ciudadanos convierten esta voz en un auténtico clamor popular.

Hoy más que nunca debemos despojarnos de nuestros temores, desechar todo aquello que nos turba o espanta, porque nuestros valores son sinceros, nuestro ánimo inquebrantable y la convicción que tenemos el mejor presidente regional que jamás ha conocido la Comunidad Valenciana, constituyen la fortaleza y el espíritu necesarios para aplacar la mentira, templar la crispación, desbravecer la insidia y doblegar el dedo acusador.

Con esas premisas y convicciones, hoy más que nunca estamos en disposición como ya hiciera Zola en 1898 de formular el "Yo acuso":

- Yo acuso al Gobierno de España, de urdir, configurar, instruir y ejecutar la causa contra Paco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana.

- Yo acuso a la vicepresidenta primera del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega de dirigir la caza de brujas hacia el PPCV.

- Yo acuso al Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, de ser el brazo ejecutor de las consignas que emanan directamente de La Moncloa.

- Yo acuso al PSPV-PSOE y a su secretario general, Jorge Alarte, de hacer seguidismo de la doctrina de judicializar la vida política valenciana en aras de alcanzar aquello que las urnas le vienen negando a su partido desde hace más de 15 años.

- Yo acuso a Ángel Luna, síndico del PSPV-PSOE en las Cortes Valencianas, de exhibir en público material bajo secreto de sumario, dejando al descubierto la conexión directa existente entre la clase política socialista y el ministerio público de la justicia en la causa contra Francisco Camps.

- Yo acuso a PRISA de mentir a través de las páginas de su rotativo El País acusando a Francisco Camps de ocultar facturas al juez.

- Yo acuso al PSOE, promotor de la ley de memoria histórica que recoge en su articulado el desagravio hacia los Juicios Sumarísimos del Franquismo, por dictar sentencia política y mediática de culpabilidad sin lugar a defensa contra el PPCV.


Hoy, como entonces hizo Zola, nosotros los ciudadanos de la Comunidad Valenciana acusamos sin tapujos y como un sólo hombre a aquellos que han orquestado esta cortina de humo.

Hoy, como en aquel momento hizo el autor de Balzac, no nos arrepentimos de apoyar a nuestro Presidente, porque tenemos la certeza que es inocente.

Hoy, como en aquel aciago año 1898, caminamos con paso firme y decidido junto a Paco Camps, porque sabemos que la verdad está en camino, y nadie la detendrá.

sábado, 13 de marzo de 2010

El estigma de la Zeja

Etimológicamente la palabra arte deriva del griego τέχνη (téchne); y es por tanto el artista quién produce o realiza obras de arte.
Reconoceremos pues por virtuoso al individuo que ha desarrollado tanto su creatividad como la capacidad de comunicar lo sentido, mediante el buen uso de la técnica.
Sin embargo, cuando un artista atraviesa la línea de lo estrictamente artístico, poético, bello y estético para adentrarse en lodazales propios de la prosa televisiva más chabacana y ruín, pierde gran parte del encanto y la estela estrellada que envuelve ese don innato para las artes que alguna de las musas un día le dotó.
Muchos dirán que es opinión, mientras otros esgrimirán la libertad de pensamiento, pero lo cierto es que antes de pronunciar unas palabras, una simple oración, es preciso articular un discurso con sentido y coherencia, porque si uno deja volar las palabras al viento, corre el riesgo que alguien anónimo y/o desconocido algún día las encuentre y pueda ponerle grilletes a su incontinencia verbal.

El arte no entiende de siglas y no comulga con la política; ésto no lo digo yo, ya lo propugnaban los románticos del XIX cuando ensalzaban en sus obras la libertad e independencia del artista.
Sin embargo, el sometimiento y la sumisión propia de los bufones de corte es otra forma de entender el arte; una definición deformada, desnaturalizada o distorsionada del mismo, pero perfectamente respetable para quién decida asumirla para sí.
Lamentablemente esa acepción es la que determinados personajes han elegido para presentarse ante el gran público y de ello dan buena muestra cuando tienen la menor oportunidad.
Precisamente esta semana ha sido uno de esos grandes artistas de corte, quién ha protagonizado los mejores titulares en la presentación de su nuevo trabajo discográfico, al arremeter contra la Comunidad Valenciana al compararla en cuestión de libertades, censuras y represión con el presidio tropical de Cuba.

Y efectivamente podríamos decir aquello de "Don Diablo se ha escapado tú no sabes la que ha armado...", porque el revuelo mediático ha sido increíble. Todo naturalmente en base al guión establecido y siempre según lo esperado; pues la mediocridad histriónica precisa de grandes bombazos periodísticos para sobrevivir y capear los temporales.

La propias declaraciones no resultarían más allá de un mero comentario vácuo y un sin sentido más, si no vinieran de quién vienen, y precisamente en el momento en que fueron perpetradas. Dado que escasamente una semana antes fallecía en una de esas cárceles cubanas tan similares a las valencianas -y por ende a las españolas-, Orlando Zapata, tras 86 días en huelga de hambre. Ya lo dijo el correligionario de Bosé, Willy Toledo: "Un delincuente común más", vago y maleante de los tantos que se encontraban en las cárceles españolas en la época del tio Paco -que entonces eran presos políticos-, frente a los auténticos belcebús cubanos, elementos subversivos de primer orden y capitalistas antirrevolucionarios... La credibilidad de unas palabras necias brilla por su ausencia, sin más.

Una ausencia convertida en amnesia por el propio Bosé cuando se trata de recordar su triste comienzo en esto de la música. Y como el arlequín medieval de sainete palaciego hacía las veces de jovial manteneder de la moral del rey y sus vasallos, a un módico y metálico precio, así también ahora esta comitiva de saineteros del poder ejercen su árdua labor de ayudantes de cámara, siempre atentos a las suculentas prebendas que de él puedan obtener.

Nadie recuerda ya pese a las hemerotecas, el año 1981; donde un jovencísimo Bosé participaba activamente en el Festival Viña del Mar de Chile, diseñado con el único fin de justificar y lavar la imagen del Régimen de Pinochet de cara a su consolidación y reconocimiento internacional. No le importó entonces a nuestro Papito que la llegada de don Augusto fuera sangrienta, ni que la represión ni la censura se llevaran por delante las ilusiones de democracia y aperturismo de aquel pequeño gran país. La única preocupación del muy ilustre a pesar de ser un izquierdista vocacional, fueron los ceros a la derecha.

Pero el episodio que sin lugar a dudas hizo saltar a la fama político-mediática a Miguel es relativamente reciente. En los meses previos de las elecciones generales de 2008, el propio Bosé junto a sus parteners Sabina y Serrat, se convirtieron en verdaderos generales de escuadra aglutinando bajo su batuta a los artistas de más diversa índole para "defender la alegría." Su gozo presente y futuro, como ahora veremos.

Si analizamos la gira de conciertos de Papito Tour 2007-2009 habiendo practicamente el mismo número que en sucesivas ediciones, resulta sintomático comprobar uno por uno el color político de los Ayuntamientos. Así mientras en 2007 de 33 galas la proporción entre ayuntamientos de signo popular y socialista estaban al 50%, en 2008 ese porcentaje se eleva hasta el 70% en el caso de consistorios gobernados por el PSOE; no precisamente por la ausencia de contratos de ayuntamientos populares, sinó por el inexplicable interés de los equipos de gobierno socialistas por contratar a Miguel Bosé. Así en los 40 conciertos de 2008, 28 eran ayuntamientos socialistas frente a 12 populares.

Es muy curioso que esa tendencia se invirtiera tras la victoria de Zapatero en las urnas, gracias en parte al inestimable apoyo de sus artistas de la ceja. Un agradecimiento que vendría acompañado de algo más que meras palmaditas en la espalda, en forma de maravedíes y de caché que se elevó desde los 36.000 apenas un año antes a los 81.000 euros. Apoyo que naturalmente se vio ejemplificado en la eclosión de contratos millonarios a lo largo y ancho de la geografía municipal socialista. Unos conciertos y unas galas por los que dichos ayuntamientos tuvieron unas pérdidas de 51.000 euros sólo con Bosé que los ciudadanos pagaron de su bolsillo; concretamente aquí en Sant Joan los "conciertos de referencia comarcal" de 2008 costaron a las arcas municipales 100.000 euros. No lo digo yo, lo afirmó nuestro alcalde en prensa semanas después de que tuvieran lugar.

En este contexto se entienden perfectamente unas declaraciones siempre contrarias al Partido Popular del adonis más idolatrado por la izquierda; y es que su relación con Zapatero y el partido socialista se resume en algo más que un beso chiquitín con un swing... Este pobre diablo depende de una incontinencia verbal a la que sabe sacar rendimiento tanto o más que su militancia no declarada, aunque delatada por el estigma imborrable de la Zeja.

jueves, 11 de marzo de 2010

La memoria de los ausentes

Han trascurrido 2192 días desde aquella fatídica mañana del 11 de marzo de 2004 en la que se detuvo el tiempo de las madrileñas estaciones ferroviarias de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo; 288 semanas de la mayor masacre terrorista en tierras europeas.
Hoy se cumple el sexto aniversario de los atentados del 11-M y pese al transcurrir del tiempo, todavía siguen vivas aquellas horas, minutos e instantes que se grabaron a fuego en nuestras retinas dejando su impronta en nuestra conciencia y una herida en el alma dificil de cicatrizar.

Una vez más el terrorismo golpeaba a un país demasiado acostumbrado a sufrir los envites de la barbarie, pero que no se resigna ante la sinrazón asesina que tiñe sus reivindicaciones de sangre, dolor y luto. Ninguna bomba o revólver, amenaza o extorsión, chantaje o coacción nos harán retroceder ante ellos, vengan de donde vengan. Porque nosotros somos más, porque nuestras armas son más fuertes, porque la libertad es nuestro mejor aval, porque la justicia es el principio y fundamento de nuestra fuerza y porque nosotros respetamos la memoria de aquellos que murieron por defender lo que nos une.

Son muchos los que quedaron atrás, a quienes se les cercenó la vida sin que todavía hoy exista una razón más allá de los designios de Dios.

Hoy nos toca a nosotros mantener viva la llama de su recuerdo, dar voz a sus sentimientos y tomar su testigo convirtiéndonos en testimonio de su ejemplo, para así honrar su memoria, la memoria de los ausentes.

viernes, 26 de febrero de 2010

Un semestre de amnesia

Todavía resuenan en mis oídos las palabras que pronunciara hace dos semanas el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el debate sobre la crisis en el Congreso de los Diputados. "España está hoy mejor que hace seis meses".

Definitivamente ZP debe ser de esas personas que se miran al espejo y se idolatran a sí mismos; narcisismo en estado puro y hasta la extenuación. De lo contrario, empezaría a pensar que nuestro mandatario gubernamental padece un síndrome agudo de trastorno de la personalidad que roza la bipolaridad. Porque el hecho de utilizar la tribuna de oradores de la madrileña Carrera de San Jerónimo para soltar semejante memez, estupidez, tontería o como se diría vulgarmente, gilipollez, constituye además de una soberana falacia, un atentado en toda regla a la inteligencia de los españoles; incluso para aquellos que depositaron en la urna la papeleta socialista en el año 2008.
Zapatero demuestra con sus palabras su manifiesta incapacidad e ineficiencia galopante -porque va a más-, en la gestión de una crisis que primero negó, después ocultó tras el eufemismo de "desaceleración", para finalmente verse obligado a reconocerla, jubilando al ministro de economía que en teoría era el encargado de reflotar a la nación; paradójicamente el mismo que dejó al país en 1996 con una tasa de desempleo del 22%, aunque en aquella ocasión quién le jubiló fue el acertado criterio de los españoles. Ahora no tuvimos tanta suerte y el recambio del cambio fue peor que la moneda de vellón. Pero sin lugar a dudas, aquello que inquieta y hace estremecerse al conjunto de la sociedad española es la escasa sensibilidad que demuestran las palabras del presidente para con los ciudadanos, que en suma constituyen las verdaderas víctimas de su gestión.

Y es que en un país donde la tasa de paro se acerca al 20%, con millón y medio de familias con todos sus miembros desempleados y cerca de dos millones de personas que tienen complicada la inserción laboral, existen pocos motivos para el optimismo. Los jóvenes que fueron buque insignia de la estrategia electoral de los socialistas, a quién Zapatero prometió que no defraudaría durante su mandato, atesoran el triste récord de desempleo de toda la Unión Europea dejando atrás incluso a países ex-soviéticos como Polonia o Hungría que tenían una elevada tasa de parados juvenil. Casi el 45% del total de las personas que engrosan las colas del INEM está formada por una horquilla de edad que va desde los 20 hasta los 35 años. Una verdadera tragedia nacional.

Hoy sin embargo, me he detenido en una noticia que no por ser ya tristemente cotidiana minimiza el impacto que me produce al leerla. Y es que la situación está adquiriendo un grado de drama al que poco a poco parece que la sociedad se acostumbra y va haciéndose inmune al goteo constante de cifras, datos y estimaciones, pero dejan a entrever la crisis en toda su crudeza.
Hace casi un año comenté en otro artículo la dificil situación por la que atravesaba Cáritas Diocesana de Valencia al hallarse totalmente desbordada en el reparto de alimentos y el apoyo a familias sin recursos. Hoy la Casa de la Caridad de la capital del Turia confirma los peores pronósticos y nos deja atónitos con unas cifras que igualan a las que se vivieron en la España de la posguerra. El propio presidente de la institución calificaba la situación como de "emergencia nacional" y avisaba que a lo largo de 2010 y 2011 la cosa irá a peor.
En cuanto a las cifras la mayoría de las personas atendidas el año pasado fueron inmigrantes en situación regular (23%) y casi todos jóvenes; y familias con hijos (8.000 atenciones). Mientras, la cifra de españoles se incrementó un 95,6% hasta alcanzar los 35.221 personas.
Según datos de la Consellería de Solidaridad y Ciudadanía de la Comunidad Valenciana, el 20% de la población se encuentra en situación de precariedad social (13,9%), pobreza moderada (3,6%) o pobreza severa (2,5%).

Y frente a ello, ZP vive de espaldas a la realidad, con su privilegiada sesera oculta bajo tierra ajeno al transcurrir del tiempo y la agudización de un problema que lejos de presentar signos de recuperación, azota con una virulencia cada vez más dramática el presente y el futuro de millones de personas.
Hoy no estamos peor que hace seis meses; afortunadamente falta un semestre menos para que Rodríguez Zapatero deje de ser presidente del gobierno.

lunes, 18 de enero de 2010

La catástrofe de los olvidados

"El solar en que se ha convertido Puerto Príncipe amanece repleto de gente sedienta, de cadáveres humeantes, de niños rotos que lloran y haitianos desesperanzados que roban..."

Este podría ser el relato de cualquier medio informativo que, salvando la distancia del idioma, llenará esta semana titulares, columnas y editoriales de medio mundo.

Haití permanece sumido desde el pasado día 12 en el caos más absoluto; la tierra se abrió para tragarse lo poco que tenía la población y dejó tras de sí una necrópolis desolada.
Las imágenes hablan por sí mismas con un mensaje nítido y descorazonador; naturalmente alimentado por las televisiones que, en su ahora redescubierto cometido divino de informar, ocultan el morbo y el interés por la audiencia. La muerte parece ser su gran aliada por su demostrada e infalible rentabilidad en share.

El mundo vuelve sus ojos hacia el país caribeño; solidaridad en estado puro, compañerismo, ejemplo, ayuda, respaldo, implicación... desde el 12 de enero.


Seguramente existan personas no muy lejos de donde vivimos que ni siquiera hayan escuchado hablar jamás de este pequeño estado americano; posiblemente algún avezado lector que sigue periódicamente este blog, tampoco sepa nada o tenga alguna reseña vaga del país que ocupa portadas y abre informativos desde la pasada semana. Es algo normal y objetivamente comprensible, pues la historia ha querido ocultar caprichosamente este recóndito lugar borrando casi por completo su recuerdo. No es culpa nuestra o quizá si, porque el relato histórico no crece por generación espontánea, sinó que se va gestando en función del guión que establecemos a lo largo de los años.
La ínsula haitiana entró a formar parte de las crónicas historiográficas en 1492, cuando en la mañana del 5 de diciembre Colón tomaba tierra en la que sería rebautizada como La Española. Tras dos siglos de dominio colonial hispano en el contexto del mayor imperio que jamas conocieran Las Españas, Francia asumió la dirección de esa parte de la isla constituyéndose en St. Domingue.
El siglo XVIII trajo consigo un endurecimiento del sistema esclavista, avivando un negocio que siguiendo la ruta de la opresión, convirtió a África en un vergonzoso granero de servidumbre para las potencias coloniales europeas. De hecho, a finales de la centuria del setecientos un 90% de la población haitiana provenía del continente negro.
La difusión de las ideas ilustradas gracias a la emigración hacia América, posibilitó que el exitoso ensayo independentista de las 13 colonias americanas fuera puesto en práctica a lo largo y ancho del continente. Si la Unión de Estados Americanos fue el talón de Aquiles del Imperio británico, el levantamiento de la sometida población haitiana, sería igualmente un estilete para la convulsa Francia post-revolucionaria, que se vería desposeída del dominio de la isla en 1804 cuando Jean-Jacques Dessalines promulgaba la independencia de Haití.
A partir de entonces y tal como ocurrirá en la mayoría de estados del continente americano, la primacia de los Estados Unidos le convertirá en su mentor y tutor; y desgraciadamente, la codicia y la corrupción se cebarán con la población civil, que asistirá durante más de un siglo al deterioro político, social y cultural del paraíso que, merced a las maravillas halladas, hiciera creer a Colón que había conseguido arribar a Las Indias.

Hoy se da la paradoja que un estado que realizó un salto cualitativo desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna en pocas décadas, vive actualmente una involución hacia la Edad Media más oscura. Haití es el país más pobre de todo el continente americano y atesora el triste récord de las rentas per cápita más deprimidas del hemisferio norte junto a Corea del Norte, Afganistán y Mongolia.
Como ocurriera en los protoestados medievales de la vieja Europa, Haití posee una economía de subsistencia donde la tierra es la fuente principal de riqueza o miseria, según se mire.
El umbral de la pobreza no existe en Haití, pues los datos pulverizan cualquier atisbo de desarrollo y prosperidad; el 70% de la población sobrevive en condiciones infrahumanas a base de arroz, sal y manteca vegetal. Dado que la supervivencia depende en gran medida de la tierra, la superficie física de este pequeño estado se encuentra devastada por los incendios y la deforestación que desde décadas han restado terreno a la naturaleza salvaje que quinientos años atrás cubría la isla, mientras hoy es sólo un vago recuerdo con lo que la erosión del suelo y una tremenda escasez de agua potable han borrado la huella de aquel pasado frondoso y floreciente.

La esperanza de vida no alcanza los cincuenta años en una pirámide poblacional que es típica del medievo; con una media de hijos por mujer que alcanza los cinco. Niños que tienen acceso en un ínfimo 30% a la vacunación, y donde la práctica totalidad sufre enfermedades crónicas y parasitarias.
El VIH es uno de los principales motivos de fallecimiento en la isla, junto a otras afecciones como el tifus, la meningitis, la diarrea, la escarlatina, la tuberculosis o el sarampión que fueron en su mayoría erradicadas en el mundo desarrollado hace décadas.

Hoy el mundo vuelve la vista hacia los más desfavorecidos, los pobres de solemnidad, aquellos que han perdido todo lo que tenían... pero posiblemente esos mismos gobiernos que se afanan por enviar ayuda humanitaria, contingentes militares y operativos de emergencias a bordo de aviones y buques, debería reflexionar sobre el significado de la palabra humanidad. Ese al que muchas veces apelamos para defender los derechos de los hombres, aquellos que constituyen la seña y bandera de indentidad de nuestra forma de vida, enraizados ya en la cultura y los principios de una sociedad que es capaz de reaccionar con celeridad digna de encomio ante una catástrofe de proporciones incalculables, pero que posee una extraordinaria capacidad para olvidar de la misma manera a los pueblos, condenándolos al ostracismo, desatendiendo su llamada de auxilio, abandonados a su suerte con la única respuesta del eco de sus mismos lamentos.

Hechos como éste deberían hacer plantearnos nuestra propia existencia, olvidando las individualidades que no conducen más que al rencor y la intransigencia, obviando que la historia es el balance de lo que somos y negarla no contribuirá más que a intentar limpiar nuestras conciencias que quedarán manchadas para siempre. Hoy es Haití, pero mañana puede ser cualquier otro lugar del orbe.
¿Cuantos Haitís existirán en nuestro planeta a los que damos carta de naturaleza por nuestra indiferencia, pasividad o desconocimiento?

Parafraseando a Gabo hoy más que nunca deberíamos plantearnos que la muerte no llega con la vejez, sinó con el olvido; y aquel país llora a sus fallecidos que ya se encargó de enterrar el terremoto, puesto que Haiti yace en algún profundo escondite de nuestra memoria.