jueves, 15 de enero de 2009

Jorge Alarte, un blanco fácil

Se las prometía muy felices un concejal socialista de mi pueblo cuando hace unos días derrochaba altas dosis de triunfalismo y euforia ante la llegada de Pepe Blanco a tierras alicantinas. Una visita que pretendía dar un espaldarazo a la recientemente elegida secretaria general de los socialistas alicantinos, con gran despliegue de medios técnicos y humanos así como el desembarco de cargos del PSPV de diversa índole de toda la comunidad valenciana, incluído su secretario general, Jorge Alarte.

Hubo una circunstancia que me llamó poderosamente la atención del asunto, porque según comentaba el citado edil, "el salón se había quedado pequeño". Si lees el comentario así tal cual puede parecer lógico y normal que dada la afluencia de cargos y personalidades del socialismo valenciano, hubiese un lleno de "no hay billetes". Pero si conoces algo de la realidad alicantina dicha afirmación sobre la falta de espacio puede resultar poco menos que irrisoria al comprobar como el salón donde el PSPV realizó el acto posee exactamente 518 localidades.
El hecho que con el desembarco de la práctica totalidad del socialismo alicantino y valenciano no sean capaces más que de llenar un aforo limitado a algo más de quinientas personas, explica muchas cosas sobre la travesía por el desierto que este partido lleva padeciendo desde el año 1995 en que perdieron la presidencia de la Comunidad Valenciana.

En aquel acto brillaron con luz propia los discursos de crítica mordaz hacia Francisco Camps y sobre todo, hacia la alcaldesa de Alicante. Naturalmente la exaltación del ejecutivo de Zapatero tuvo también su espacio en aquella cuidada escenografía que pretendía ensalzar la unidad de criterio en un renovado PSPV, que a la vez había recibido las bendiciones de la calle Ferraz.
Y hago alusión a la premeditada parafernalia porque conociendo la realidad valenciana y los últimos movimientos de los socialistas, toda esa puesta en escena tiene mucho de tramoya y sonrisas de cartón piedra, pero la realidad que esconde la verdad es bien distinta.

Basta remontarnos al último fin de semana del verano de 2008 para comprobar que el convulso Congreso del PSPV tuvo poco de cita para tomar el té y mucho de guerra fratricida. Tanto es así que los socialistas llegaron a tener cuatro frentes abiertos de supuestas candidaturas para alzarse con la hegemonía del partido en la Comunidad. Fue necesaria la intermediación de Ferraz y del omnipresente Pepiño Blanco, que sin embargo no fue capaz de unificar a la formación y finalmente dos candidaturas presentaron sus credenciales a los militantes socialistas.

Las crónicas mediáticas afirman que venció Jorge Alarte como de hecho sucedió, pero su verdadero drama y por ende de todo el PSPV, es que no convenció. Su victoria por escaso márgen -20 votos- le confiaría un liderazgo ínfimo y débil como viene demostrando desde entonces en cada nuevo desafío que se le presenta. Su triunfo viene avalado por Madrid que apoyó decididamente su candidatura y es hoy por hoy el único garante de su continuidad.

Hoy la prensa recoge la peor noticia con la que se podía despertar el PSPV -o al menos ese 50% que apoyó a Alarte en aquel congreso-: La ruptura de relaciones entre Pepe Blanco y el propio Alarte. Un auténtico machetazo a esa relación idílica que nos vendían hasta hace pocos días aquí en Alicante.

Y la razón es bien sencilla: La postura frente al trasvase del Tajo-Segura.

El tema del agua ha sido uno de los principales lastres para los socialistas de la Comunidad Valenciana en este década. Su criterio tan variable como una veleta les ha llevado a perder el favor de la ciudadanía ante la ausencia de un proyecto sólido y definido sobre un asunto tan importante para nuestra tierra.

El PSPV pasó de apoyar los trasvases -el del Ebro incluído- a rechazarlos de plano por las exigencias de Cataluña y de un Zapatero necesitado de sus socios nacionalistas para gobernar, para volver a replantearse su utilidad ahora a la vista que su posición no obtiene réditos políticos. La inexistencia de un proyecto definido en el PSOE a propósito del principio de solidaridad interregional para el tema del agua, ha llevado a sus barones territoriales a arrogarse para sí mismos los derechos sobre ese bien universal negando los de los demás.

La actitud clara, valiente y decidida del Partido Popular en esta materia ha arrinconado al socialismo valenciano y lo ha obligado a posicionarse abiertamente. Naturalmente nadie puede mantener una postura irracional para siempre porque además de haberse demostrado fehacientemente la imposibilidad del planteamiento, los cargos del PSPV saben perfectamente que de seguir en esa tesitura sus posibilidades de recuperar el poder en la Comunidad llegarían en el momento en que las ranas criasen pelo.

Ha sido pues Jorge Alarte quién se ha plantado ante Ferraz y le ha dicho un rotundo no a la fecha de caducidad con que desde el socialismo de Castilla La Mancha se pretentía finiquitar el trasvase del Tajo-Segura del que depende gran parte de la economía de la Vega Baja alicantina y murciana. Todo ello frente a las tesis de Pepiño Blanco y Mª Teresa Fernández de la Vega, que han antepuesto los intereses de un presidente regional de su partido al del conjunto de los ciudadanos.

Bienvenido sea ese cambio de actitud y de maneras de los socialistas valencianos ya que nunca es tarde si la dicha es buena; aunque conociendo las artimañas y potajes que se cuecen en la maquiavélica mente del vicesecretario de organización socialista, no sería de extrañar que el débil liderazgo de Jorge Alarte viera mermada su capacidad de maniobra convirtiéndose así en un blanco fácil; para acabar transformado en un trofeo más de caza de los muchos que coronan el despacho de Pepiño.


2 comentarios:

Caballero ZP dijo...

Sin ningún lugar a dudas este hombre se convertirá en un trofeo más de Pepiño, ya que tiene carta blanca para terminar con todos los que no sigan el sendero que marca la secta.
Aun resuenan en mi cabeza los ecos de las tonterías que soltó Pepiño en Alicante.
Saludos

Natalia Pastor dijo...

Pues coincido con Caballero ZP:tiene todos los visos de acabar disecado en la sala de trofeos de Pepiño Blanco, y que este marque con una muesca en el revólver,una víctima más del sectarismo progre.
Así son.