domingo, 4 de marzo de 2007

Mi querida España...

Corría el año 1972 y una voz de mujer se atrevía a desafiar la ya agónica dictadura del general Francisco Franco con esta entrañable canción protesta, que originalmente decía: "Mi querida España, esta España mía, esta España muerta", pero que los rigores de la censura obligaron a cambiar por "esta España nuestra".

Eran tiempos difíciles y arriesgados para un país con futuro incierto dirigido con mano de hierro por el anciano Caudillo, cuya salud se deterioraba a pasos agigantados haciendo preveer la proximidad del fin de un Régimen, y por tanto de nuevos tiempos. Pese a los rigores y abusos de la época existían voces que se atrevían a contraponer los ideales establecidos, guiados quizás por el sentimiento universal de la música. En no pocas ocasiones las letras progresistas que condenaban la situación de aquella nación, se atrevían a plasmar su nombre en las letras; luciendo con orgullo, esperanza e ilusión la palabra "España". Aquella realidad estatal parecía ser el único vínculo de unión entre quienes dominaban con rectitud los destinos de la nación española, y aquellos que aspiraban a superar aquella etapa y alimentaban con su música los sueños y esperanzas de las generaciones venideras.

Unas generaciones entre las que me incluyo que recogimos el testigo de aquellos que hoy son abuelos o padres, y que supieron dar una lección de convivencia, honestidad y tolerancia, sentando las bases de la libertad y la democracia de una España que por primera vez en su historia daba una clase magistral al mundo.
Un ejemplo que ha permanecido inalterable más de treinta años y que daba prestigio al nombre de nuestro país allá donde el viento lo llevaba.

El pasado jueves nuestra prestancia como estado, el rigor de nuestros principios y la memoria de nuestra voluntad fueron quebrantados por una decisión que atentó gravemente contra los pilares de la ética y la moral. La cesión de un gobierno débil originó la mayor barbarie que se recuerda, y asestó un golpe mortal a nuestra dignidad como nación llegando a superar incluso al casi mítico desastre del 98.

Ante tal atrocidad, fuimos miles las personas que nos concentramos el viernes a las puertas de nuestros ayuntamientos, en las plazas de España, de "nuestra querida España" valga la redundancia, para reprobar la decisión del ejecutivo Zapatero y exigir el cumplimiento íntegro de la condena que le resta al etarra De Juana Chaos, autor de 25 crímenes, incluída la carnicería de Hipercor. Por encima de ideologías y de siglas, el viernes nos concentramos todos los españoles que nos sentimos orgullosos de serlo, y que condenamos la actitud dubitativa de un gobierno que parece no tener claro las prioridades de su cometido.

La respuesta que obtuvimos todos aquellos que mostramos nuestra disconformidad a la decisión del ejecutivo, fue por parte de los responsables del mismo y del partido que lo dirige, el insulto. La descalificación por la simple y llana razón de ser y sentirnos españoles en España. El colmo de la zafiedad y la desfachatez.

Nunca pensé que pudiera llegar a decir esto, pero hoy siento vergüenza de mi gobierno, fruto de sus decisiones, palabras y manifestaciones, que atentan no sólo contra el principio de la libertad de expresión democrática, sinó también contra la inteligencia y la integridad de las personas.
Hoy, parece que el único consuelo que nos queda a muchos es sentirnos amparados por un escudo y una bandera, a la que se vilipendia, ataca, descalifica, humilla y destruye, renegando de una estampa y un simbolismo que en otro tiempo el progresismo defendió como propia, pero que hoy querrían ver convertida en una España "muerta" -como decía la letra original de Cecilia-; sin embargo, pese a todo somos y seremos muchos los que la querremos por siempre como "nuestra".


2 comentarios:

Castro dijo...

La lucha contra ETA y el odio y la firmeza contra los asesinos no son ni de derechas ni de izquierdas.

Desde las barracas del Mediterráneo, hasta las pallozas suevas que se apretujan en las montañas galaicas, pasando por los cortijos andaluces y manchegos, los caseríos vascos y navarros, y las veguerías catalanas... millones de habitantes decentes de esta sufrida tierra que lleva siglos llamándose España nos sentimos engañados, humillados, traicionados... por un Gobierno que se dice de izquierdas, pero que ha olvidado una de las premisas de ese mítico himno de lucha obrera, "A las barricadas":

EL BIEN MÁS PRECIADO
ES LA LIBERTAD.

No habla de "la paz", sinó de la libertad: sin la que no es posible que haya ni paz, ni civilización.

Libertad que en Euskadi y en el resto de España se ve amenazada únicamente por los asesinos de ETA, sus compinches de Batasuna y los numerosos tontos útiles de este moderno fascismo.

Ijon Tichy dijo...

Aparte del hecho en si mismo grave de la prisión atenuada (bueno, más atenuada de lo que ya estaba), a mi lo que me preocupa es pensar en los motivos del gobierno para dar ese paso.

Porque lo del anhelo humanitario, en fin...no cuela.

Saludos Solimán. Suerte con tu blog.